domingo, septiembre 03, 2017

María Teresa Bravo Bañón
Manos de tiza,
Círculo rojo, 2017
Manos de tiza  es un libro luminoso y agradecido. Tras 40 años de docencia, como maestra en distintas escuelas, Mayte Bravo entiende que comienza a ser el momento de recordar y de sentir, en plenitud, cuál ha sido el resultado de todos esos años vividos a pie de aula, rodeada de niños y niñas, con las manos sucias de tiza y el corazón repleto de ilusiones. Si hay alguna profesión que debe escogerse de forma activa, vocacionalmente, este es la de la docencia. Se puede ser maestro o profesor, sí, pero, si no tienes esa llamada singular, si no estás dispuesto a empaparte de tus alumnos y a tratar de quererlos más allá de los exámenes y las calificaciones, entonces es posible que no vivas plenamente esos años y que te acaben pasando factura. No es el caso de María Teresa Bravo quien ha derrochado, desde el principio al final, interés, emoción, verdadero cariño y empatía hacía sus alumnos, niños y niñas, hoy muchos hombres y mujeres que la recuerdan con afecto puro y limpio. 

En Manos de tiza, la escritora, no se limita a recoger, de manera autobiográfica, unos cuantos recuerdos, no, sino que lo hace de manera original, acude a las cartas, cartas antiguas, cartas recientes, cartas de niños, cartas de adultos, cartas oficiales, cartas de escritores, cartas de apoyo, cartas de reconocimiento... Destacan momentos emocionantes, aquellos que se ha perdido a algún alumno por el camino, aquellos en que el dolor y el desánimo nos invaden; pero también aquellos de exalumnos que la han buscado, que han querido compartir con ella complicidades y, sobre todo, las de su propio hijo y las reflexiones de ella misma que siempre entendió la docencia como el arte de llegar a los demás sin hacer mucho ruido, sin alaracas, con discreción y cariño.

Si las leemos, despacio, y aprendemos a hacerlo entre lineas descubriremos dos pasiones de su autora: la enseñanza y la poesía. En torno a estos dos núcleos ha girado su vida y lo ha hecho contra viento y marea, no siempre bien entendida por los que mandan, pero sí muy arropada por los que han tenido el gusto de disfrutarla como maestra.

Le quedan, sin duda, muchas palabras por decir y escribir a este mujer de coraje y de fe, pero, sin duda, Manos de tiza, conserva intacta toda la ilusión que tuvo, cuando hace ya más de 40 años, decidió dedicarse a enseñar sin claudicar, sin vacilar, sin temor a darse a sí misma. Así lo hizo y así se lo reconocen los alumnos. Porque, más allá de enseñar lecciones impresas, existe una lección universal que requiere de una pedagogía muy fina y delicada, la Pedagogia del amor y esa, Mayte Bravo, ha sabido compartirla generosamente.

1 comentario:

  1. Magnífica reseña de “Manos de tiza”, un libro que figura en mi biblioteca particular y que me enganchó nada más comenzar a leerlo.

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